Ese momento en el que tú sabes lo que quieres pero la
persona de enfrente necesita tiempo para saber si quiere lo mismo, ves cómo
sigue su vida para aclararse o no, y tú te estancas. Comete errores o
aciertos pero se olvida que tú estas ahí, esperando por él. Entonces decides
seguir y cuando crees que has dejado de esperar, aparece, aparece con esa
increíble sonrisa que hacía que se te olvidase el mundo, esa que sabias que era
por ti y que no solía lucir muy a menudo, pero que era el accesorio que
mejor le quedaba y que mejor sabias lucir tú. Y entonces ves que nunca
dejaste de esperarle.
Vuelves al principio, crees que estáis en el mismo punto y
solo falta que uno de los dos dé el paso, pero ninguno lo hace, uno por
miedo y el otro… quizás porque nunca termino de aclararse.
Nada dura para siempre. No siempre será así, llegara un
momento que te cansarás de creer que has dejado de esperar para pasar a dejarlo
de verdad, y entonces dará igual que aparezca su sonrisa, entonces dará igual
lo que haga.
A pesar de que no conseguirás ningún accesorio qué te quede
mejor que su sonrisa, acabaras sustituyéndolo por un collar de perlas.

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